Abuelo:
Estoy segura de que muchas cosas que actualmente vivo, el día de mañana las olvidaré y ni siquiera serán recuerdos, por eso te pido que te cuides, pues me gustará encontrarte en un futuro no lejano y ser una más de tus aprendices.
He platicado con mis ángeles de la guarda y hemos llegado a un acuerdo para que pronto regreses y estés nuevamente con nosotros; sé de buena fuente que tu regreso alegrará el corazón de mis papás, de mis tíos y tías, de mi abuela albi, de amigos, de mis primos y de mis primas -a quienes por cierto admiro mucho, pues ya han tenido la dicha del paseo en bicicleta contigo. No tardes mucho abuelo que la bici espera, no permitas que se oxide.
Te mando una sonrisa que es lo único que sé dar justo hoy que cumplo ocho meses. Eso de los besos, decir adiós, hacer ojitos y demás, aún no es lo mío; solamente sé reír y desde aquí te mando mi sonrisa. En mi festejo no pido regalos ni pasteles porque no los entenderé y porque además, mi mejor regalo es saber que el hombre biónico sí existe y es mi abuelo.
Tenemos muchos pendientes qué atender, dos o tres poesías qué aprender y más de una canción por cantar. Hay que nadar (que mi mamá no se entere) y en una de esas, hasta el vals podremos bailar, así que por favor cuídate y atiende todas las recomendaciones que te hagan esos señores que llaman doctores, nosotros rezaremos por ti.
Abuelo, te estaré esperando, Luisa Valentina.
“Hay corazones plagados de estrellas, enamorando a las noches más bellas, no me imagino escribiendo esta historia sin ti”.
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