Buscar este blog

sábado, 17 de agosto de 2013

La Calle Neón

Te voy a contar mi propia versión de la Calle Neón:

La Calle Neón, debe su nombre a la particular iluminación que hacen de esta calle un arcoíris de pasiones multiformes capaces de sanar corazones rotos, afligidos, depresivos, abandonados o simplemente corazones que buscan amor pasajero. Ese amor que dura menos de una noche y que es tan efímero como una estrella fugaz en plena madrugada de verano. O que dura tanto como el tamaño del billete que Coppel, Elektra y la Caja Popular,  hayan dejado en la quincena.

Así, toda ciudad tiene calles y callejones, pasadizos secretos, calles caracol, grandes avenidas, calles sucias, calles que se inundan, calles históricas, calles cerradas, calles arboladas o desoladas y cada tipo de calle tiene una o varias funciones, las cuales dependen del día e incluso de la hora.

Dicen que algunas calles del centro histórico, los domingos por la mañana se convierten en veredas para el peatón y en ciclovías para el que gusta de andar en bici; en algunos barrios, las calles se cierran durante varios días esperando al pariente que viene de Estados Unidos, para velar al muertito que yace frío y pálido en una caja de madera.

En otros lugares las calles se cierran para celebrar el cumpleaños número dos de Juanito o la presentación de los tres años de Marianita, las mesas prestadas de La Corona se ponen a media calle aunque el viento haga que los desechables vuelen y rueden por toda la calle, sin faltar el brincolín que está a un costado del toldo que algún familiar consiguió.

Otras calles se apagan y se convierten en el escondite perfecto de los amantes furtivos que buscan un hotel improvisado o un lugar obscuro donde tener un encuentro más cercano… Y así, cada calle tiene su personalidad, su propia identidad, su propia alma y la Calle Neón, no es la excepción.

La calle Neón, es fielmente vigilada por la mirada petrificada de Benito Juárez que mira el horizonte en espera de viajeros y que en las noches (especialmente las de los jueves, viernes y sábados), se convierte en testigo mudo de todo tipo de eventos y de encuentros. El menú de lugares y de opciones es tan variado como los colores del arcoíris. Hay para todos los gustos y para todos los presupuestos y cada corazón, dependiendo de su estado de ánimo, encuentra el refugio perfecto para sanar sus heridas, abrir otras, encender velitas, apagar velitas, desfogar pasiones reprimidas o simplemente, darle rienda suelta a esas fantasías eróticas que todos tienen, pocos entienden y nadie acepta.

Así es mi propia versión de la Calle Neón. Un lugar poblado de castillos y de bellas doncellas, donde los caballeros sin corcel deambulan como almas en pena, buscando la aventura alentadora, que las haga revivir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario