Buscar este blog

martes, 20 de marzo de 2012

Cincuenta y cuatro Saludos al Sol.


Ese día, como todos los días festivos en la empresa, tuvimos que trabajar. No era un lunes común, pues en el ambiente de la ciudad se percibía la flojera de un puente de lunes; para la de malas, ese día llegué 20 minutos tarde al trabajo, una parte de ese retraso se debió a mis ganas de venir en bici a trabajar. En fin.

El día transcurrió entre la documentación de los manuales de la nueva farmacia, algunos twitters, correos sin importancia y soportar la música de mis compañeras de trabajo, música que va desde lo banda, pasando por lo electrónico (incluido el funk) y terminando con baladas ochenteras. A veces este repertorio musical se convierte en un martirio, pero tengo que aprender a convivir y a respetar las ideas de los demás. Incluidas las pláticas en el comedor, de personas inexpertas en algunos temas.

Lo interesante del día llegó a las 18 horas de ese lunes, lunes de yoga. El sondeo informal indicó que solamente yo asistiría a la sesión; me apuré y me vestí con la ropa adecuada. La clase no fue personal ya que no era el único asistente a la sesión, una compañera más se sumó a la práctica de yoga de ese día. Y la maestra con sus casi 8 ó 9 meses de embarazo, estaba lista para iniciar. La poca convocatoria de la clase de ese día, me dio la libertad de sugerir hacer una sesión diferente, ¿qué te parecen 54 saludos al Sol, le dije a Lorena?

-         -  ¿De verdad? Respondió Lorena (mi maestra). ¿Sí los aguantas?

Ese era precisamente el reto. Comprobar por mí mismo si podía realizar 54 saludos al Sol, porque el reto mayor son 108. Pero más que el reto en sí, es verificar mi capacidad de concentración, mi fortaleza –mental, no física. Reconocer mis límites e ir más allá, desprenderme del aburrimiento de tantas repeticiones y vivir el aquí y ahora.

Comenzamos. Primer bloque de quince y un equilibrio, parado de hombros. Segundo bloque de quince. No olvides la respiración, vista al frente, espalda recta, piernas bien extendidas,  cara relajada. Abdomen ligeramente comprimido. Izquierda, derecha, izquierda, derecha y un equilibrio, postura del Árbol: dame tus raíces para nutrirme de la tierra, estar firme en ella y crecer fuerte; dame tu tronco para soportar las inclemencias del tiempo y aguantar de pie. Dame tus ramas y tus hojas, para dar sombra, proteger, albergar vida, dar frutos y servir de brazo para columpio. Tercer bloque de quince y otro equilibrio, Gruya –finalmente aguanté más de 15 respiraciones en esta postura. Último bloque de nueve y agregamos postura del Guerrero y otro equilibrio, parado de manos.

Luego, a aprovechar el calor del cuerpo para intentar una Flor de Loto. Finalmente mis rodillas están comprendiendo que no rendiré hasta hacer esta postura, tal vez me tome otros 4 u 8 años, pero lo seguiré intentando. Siguiente, Prana. Respirar y respirar, filtrar y depurar, concentración y concentración...

...allí estábamos, terminando la mejor sesión de yoga que recuerde, cerrando con un Shava-asana y esperando el famoso masaje, que por cierto no disfrute pues era tal la energía de mi cuerpo que pude continuar por más tiempo. Comprobé de primera mano que fui capaz de concentrarme e ir más allá de mis límites, además de vivir ese momento -el aquí y ahora que tanto insiste Lorena y entender que por más grande que sea el reto, con paciencia y dedicación toda empresa se puede conquistar.


En eso mi mente se conectó con el mundo exterior y la imagen de mi esposa y de mi hija vinieron. Era momento de ir a ellas y compartirles mi experiencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario