Esta experiencia como papá ha sido
interesante. Saber que es para toda la vida me impresiona y me hace consciente
de la realidad y del compromiso que implica.
Pero verte crecer, platicar contigo, ver tus
ojos y oír cuando ríes. Despertar en las mañanas con tus ronquidos y de repente
tus llantos que son gritos y reclaman comida, exigen comida. Luego darte el
biberón y ver cómo te duermes a los dos minutos, cuando ni siquiera has tomado
la mitad de la leche, pero en cuanto te retiro el biberón despiertas y vuelves a
gritar reclamando tu desayuno. O bien,
cuando duermes en los brazos de mamá o en los míos, parece que has caído en un
profundo sueño, pero justo cuando tu cabeza toca la cuna abres los ojos para
verificar que allí estamos y pedir que
te volvamos a cargar. Esa eres tú. La que desprecia el chupón y prefiere la mano o la cobija.
Has transformado mi vida en tu vida y la de
mamá también. No tenemos tiempo para nosotros, pero el nosotros ya te incluye y
cualquiera que sea el precio lo volveríamos a pagar. Comer al mismo tiempo ¿para
qué? si es mejor comer en partes: primero yo (porque tengo que regresar a
trabajar), luego tú (porque reclamas tu alimento) y al final mamá (porque
desayunó como pudo cuando pudo); no hace falta comer al mismo tiempo siempre y
cuando comamos juntos.
Cambiaste nuestras vidas en tu vida y esto de
ser papás es la onda. Somos papás en la edad justa, no antes, no después. Llegaste
en el momento adecuado, cuando era necesario volver a transformarnos y hoy
debemos trabajar más para ser los mejores papás del mundo y tener a la mejor
hija del mundo. Que sea libre, justa, respetuosa, inteligente, amorosa,
dedicada, fuerte y de vez en vez, frágil; hermosa, risueña, que pelee por lo
que le pertenece y trabajadora. Esas son tan solo algunas ideas que tenemos de
ti, y si te gusta la banda, el rock, el pop, lo clásico o el jazz no importa,
siempre y cuando seas tú en la máxima extensión de la palabra.

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