¿Cuál es la finalidad de vender los cachorros? Es algo que me pregunto cada vez que veo un letrero que dice que se vende un hermoso cachorro y a buen precio. En primera instancia todos los cachorros son hermosos, no importa la raza ya que su complexión, su espíritu juguetón, el querer dormir durante el día y querer jugar en la noche. Mordisquear la ropa, los muebles y ladrar –chillar, a deshoras de la noche, hacen de estos seres, seres adorables. En segundo lugar, el buen precio que hay que pagar por ellos: ¿qué define el buen precio? La raza, el porte, el pedigrí, los padres, el registro… y ¿cuál es el buen precio? 100 pesos, 200 pesos o miles de pesos. Es algo que sigo sin entender.
Cuando uno quiere a los perros y entiende la amistad o el lazo que se genera con ellos, se dará cuenta de que vender un cachorro va en contra de las leyes de la amistad. Un buen amigo no se vende, a menos que sea por traición. Un buen amigo se cuida, se respeta, se acompaña y se cuida. A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de criar tres perros, los tres Golden Retriever, una raza grande que se define como de las más nobles e inteligentes, pero también bobas. Perros peludos y babosos, que tienen un semblante que invita a querer.
El primero fue Bono, cuando comencé a cuidarlo no entendía muchas cosas de perros; por principio de cuentas la alimentación, creía que las croquetas Pedigree eran la quintaescencia de la alimentación canina, pero no era así. Había otras opciones de alimentación mucho mejores. Creía también que alimentar al perro era suficiente, pero no, los perros requieren disciplina, ejercicio y afecto –en ese orden. Así es como Bono comenzó a formar parte de mi vida, convirtiéndose en mi compañero indiscutible para correr. No era necesario que hablara, pues bastaba ver su expresión y sentirlo a mi lado para saber que el dialogo iba más allá de las palabras, era la convivencia pura; renuncié a correr en clubes de atletismo, correr con gente era competir, correr con Bono era convivir.
Bono perdió la vida un 13 de enero a consecuencia de un accidente automovilístico: intentó atravesar una avenida y lo alcanzó un carro que golpeó su cuarto trasero derecho, fracturándole una pierna y ocasionando una hemorragia interna. Fue operado de la pierna, mi hermano –también gran amigo de Bono y médico, participó en su intervención quirúrgica el mero día de su boda. Prefirió estar en quirófano con él, que atender detalles pendientes de su evento. La pierna quedó bien, pero no nos dimos cuenta de esa hemorragia que a la postre, fue la causante de su muerte, de tal suerte que a la una de la tarde de aquel domingo, se echo a dormir para siempre. Causó una gran tristeza en mí, perder a un amigo de ese calibre fue difícil de aceptar, pero había que cerrar ese círculo (total, si los perros no van al cielo, cuando yo muera quiero ir a donde ellos van) y atender a Wisky, hijo de Bono, cachorro de cuatro meses. Y la pregunta final fue ¿qué haremos con Bono? La respuesta final fue: incinerarlo.
Ese día –domingo 13 de enero, nos dimos cuenta de que Wisky estaba enfermo. Tenía un par de días que no comía a causa de la ingesta desmedida de pasto y té de limón (fue el némesis de las plantas de té de limón del jardín de mi mamá). Fue atendido oportunamente por el veterinario que le inyectó suero y al día siguiente se fue al hospital de perros, allí estuvo cuatro días. Wisky se recuperó, pero creo que esa enfermedad impidió que se desarrollara al cien por ciento y quedó bajo de estatura, pero con una energía que ni correr 20 kilómetros lo hacía descansar. Ahora creo que tenía problemas existenciales, le gustaba revolcarse en las cosas apestosas, dicen que es un instinto primitivo animal de supervivencia que impide a los perros dejar rastros olfativos a sus depredadores.
Pero Wisky, no evolucionó y a los dos años de edad, seguía protegiéndose de sus depredadores; era tanta su energía que fue la causante de su muerte (no entraré en detalles porque aún el día de hoy sigo dudando de los argumentos que mis padres me dieron) y un agosto de 2009 dejó de existir. Su energía lo llevó a destrozar cuanta ropa había en el tendedero, no hubo visita en la casa que no fuera víctima de los destrozos de Wisky: jeans, playeras, pants, calcetas, calcetines y calzones. Si tenía algodón y estaba en el tendedero, era propiedad de Wisky. Bueno, hizo una que otra excepción, por ejemplo, la pijama verde de satín de mi cuñada también terminó desgarrada: sinónimo de bienvenida o un simple te quiero. La historia perruna no termina allí, sigue y comienza con la llegada de Luca.
Las experiencias pasadas me ayudaron a corregir errores, comenzando por la alimentación. Los primeros 15 meses de vida de Luca, fue alimentado con las mejores croquetas del mercado. Vacunado en tiempo y forma y lo mejor que lo traté como debe ser. Aprendí que los perros deben ser tratados en el orden de animales – perros – raza – mascotas (con su nombre respectivo); aprendí que el ejercicio es básico y la disciplina más.
Es un perro tranquilo y más baboso que todos los demás. Le gusta correr pero cuando corre se acuerda que es flojo y se tira al piso a descansar, no hay poder humano que lo mueva. Bañarse no es muy agradable para él, aún así lo disfruta. Es más inmune a las pulgas que los otros dos. Tiene casa propia y le gusta. Duerme voluntariamente bajo techo y cuando llueve se protege del agua. La ropa no es su delirio, aunque ha destrozado un par de suéteres, uno de mi tía y otro de mi esposa –obviamente ellas no lo saben, es mejor callar; se vuelve loco cuando ve comida.
Ese es mi viejo amigo y compañero de caminatas, Luca. Un golden noble, de buen carácter, fiel; que a los cinco minutos olvida mis regaños y perdona mis faltas, que no acumula resentimientos, que vive al día. Ese es cachorro que no compré y no me vendieron, ese es el perro que alguien puso en adopción, alguien más lo tomó y alguien más lo adoptó. Es el perro que cuidará a mi hij@ y lo verá crecer (muy a pesar de su madre), es el perro que le enseñará querer a los animales. Es el perro que lo ayudará a sentir aprecio por ellos, a no tenerles miedo, pero sí respeto. Por eso y por muchas otras cosas más, puedo sentir que tener un perro como amigo puede convertir una vida ordinaria en una vida maravillosa –Charlie Brown.
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