Practicar yoga a lo largo de mi vida me ha traído varios beneficios y uno que otro perjuicio –lo admito. Comencé practicando para contrarrestar el efecto de correr; correr se volvió una obsesión para mí y cada día quería correr más, avanzar más y bajar mis tiempos, 30 segundos menos en el entrenamiento diario equivalían un gran logro y viceversa, siempre he sido aficionado a las carreras de medio fondo. De allí me nació la inquietud de realizar una práctica que fuera la contraparte. En mi forma de pensar era el Yin y el Yan.
Fue tanta la obsesión de correr que como todo corredor amateur, me enfoqué solamente en correr. ¿Ejercicios de gimnasio? No estaba en mi entrenamiento, eran pérdida de tiempo, hasta que un buen día, en un medio maratón y dado mi espíritu competitivo me forcé demasiado terminando la carrera con condromalacia patelar bilateral por sobre esfuerzo, diagnóstico del traumatólogo asignado por el seguro de gastos médicos. Vinieron seis meses de reposo y ejercicios de baja intensidad, además de sesiones enfadosas de terapia.
Entonces vino el primer contacto con el yoga, Hatha Yoga. Consiste en hacer asanas (posturas) “retadoras” por un periodo de tiempo que es determinado principalmente por un número de respiraciones, luego deshacer esa postura seguida de un descanso corto para pasar a otra. Tuve algunos logros y un buen aprendizaje: reconocer mis límites, identificarlos e ir más allá de ellos. Me dejó también un esguince de rodilla de primer grado, recuerdo que cuando mi rodilla tronó, el maestro dijo: “Es una liberación de energía”. Efectivamente estaba liberando energía por el dolor que después me produjo y sobre todo por el reposo que tuve que guardar para recuperarme. El maestro fue un excelente guía que proyectaba lo que practicaba, paz, tranquilidad y equilibrio. Insistía en corregir nuestras posturas.
Luego vinieron algunos años de descanso, pero el atletismo allí estuvo, me mantuve en forma y nuevamente llegó la oportunidad de practicar yoga, Kundalini. Encontré una forma diferente de yoga. Consiste en repetir cierta cantidad de veces un movimiento con una respiración más activa. Algunos movimientos demandan mucha fuerza, hay movimiento de energía y sudor (siempre y cuando la practiques como debe ser). Aprendí primordialmente a desprenderme de las cosas. La maestra, una buena guía con enfoque más en lo económico que en la perfección de las posturas.
Tercera etapa de yoga (actualmente), encontré una forma diferente de hacer yoga, Ashtanga. Consiste en sincronizar la respiración con una secuencia www.yogajournal.comcontinua de asanas: de una postura se pasa a otra y a otra, de manera fluida casi inmediata. Se mueve energía internamente, demanda mucha fuerza y más flexibilidad y es así es como ayer me paré de manos por primera vez. Son apenas 4 sesiones en las cuales he encontrado un yoga intenso, de mucha fuerza y equilibrio; retador y de buen nivel, la maestra forma parte del grupo y nos acompaña en las asanas. Corrige las posturas y retroalimenta, no canta pero reza los mantras, es exigente. Excelente maestra.
Ahora, lo importante será aprender a sincronizar la mente, el cuerpo y el espíritu. Es una empresa de gran tamaño pero no imposible. La fuerza de la mente la dará la práctica diaria del intelecto; el cuerpo es ejercitado en todas las modalidades de yoga e incluso en otras áreas de la actividad física. El espíritu es convicción propia, meditación, encuentro con un ser divino. El yoga solamente es el medio, el carro, el camino para alcanzar ese equilibrio. Es el lugar donde se unen esos tres elementos para hacer de los practicantes personas balanceadas, que proyecten lo que practican con una conciencia plena y sobre todo, propia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario